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CRISIS DE LA MUSICA CRISTIANA - May 3, 2009

Por BELKIS DEL ROSARIO

Este análisis, más que crítica, busca concientizar al respecto de esta área tan importante del culto y de la vida del cristiano. Muchos no se atreven a hablar de este tema y mi experiencia es que aparece como tema de conversación en la privacidad de los hogares y no en los púlpitos, al parecer por temor a la censura. Pero la Biblia nos insta a examinar los espíritus, así que trataré de exponer mis puntos de vista solamente basada en el fundamento de la Palabra de Dios y sin caer en subjetividades.

Destacamos hechos positivos. Los avances de la tecnología de las comunicaciones han ayudado a la expansión y promoción de los ministerios musicales y a la distribución de los productos. La calidad de la música y de muchos de sus intérpretes es óptima, superando en algunos casos la música secular.

Aunque el propósito de la música cristiana no es entretener, es innegable que levanta el espíritu y toca las emociones. La obtención de fama tampoco debe ser la motivación, pero al abrirse las puertas del éxito, el nombre de muchos intérpretes llega a ser común en muchos hogares y ambiente cristianos. En tercer lugar, su fin no es enriquecer, pero es posible bendición financiera. De ninguna manera quiero desestimar el aspecto práctico y el elemento “dinero”. Más bien entiendo que la transacción de un producto material aunque su contenido sea espiritual, de ninguna manera falta a la integridad. Es simplemente lógico que se busque recuperar la inversión y los gastos en que se incurre. Por supuesto es improcedente el catalogar el ministerio musical meramente como un negocio (aunque a veces se hace difícil no caer en la tentación de “juzgar” las intenciones de sus ejecutores). Está demás decir que en estas tres áreas debe primar la actitud correcta, o lo que algunos llamarían “la intención del corazón”. Para mí es la fórmula bíblica: “Buscad primeramente el reino de Dios.... y las demás cosas vendrán por añadidura” la que hace la diferencia. De ahí que, si se cumple con ello, a mi entender, ninguno de estos tres aspectos determinan ni restan autenticidad a la música cristiana.

Sin embargo, hay aspectos que denigran lo que originalmente ha sido un ministerio endorsado por un llamado de parte de Dios. La pérdida del claro enfoque de su razón de ser está erosionando este ministerio. El llamado “Movimiento de Adoración y Alabanza” de los años 90’s trajo un despertar de conciencia y redefinió el objetivo del culto a Dios, sin embargo, hoy parece que nos hemos alejado aún más. Es innegable que existe una corriente, cada vez más aceptada, que se está desviando de la verdadera esencia.

Para ser justos debemos identificar lo que da el nombre de “cristiana” a una pieza musical. ¿Serán sus letras? ¿Su ritmo? ¿O su intérprete, quien profesa ser cristiano? De los últimos dos podríamos hablar en extenso. Personalmente entiendo que si Jehová usó un asno para dar un mensaje, bien podrá usar la manera que en su soberanía El decida, pero lo que no debe estar comprometido con el mundo es el mensaje de la lírica que se hace llamar cristiana.

A mi forma de ver, aún el muy conocido dicho de “lo que importa son las letras” tiene limitantes. No es solamente que estas letras no caigan en lo profano o mundano, sino que es imposible hablar de música cristiana si Cristo no está presente en la canción. El propósito único de toda manifestación y formas de comunicación que se consideran cristianas, es proclamarle. Cualquier canto que no exalta a nuestro Dios, sus atributos o el mensaje de la biblia, NO SE PUEDEN CONSIDERAR CRISTIANOS.

Hoy en día también se escuchan composiciones sin solidez teológica y de pobre contenido bíblico. Cada vez son menos los cantos puramente espirituales. En muchos casos se han sustituido por temas banales o con palabras y frases cargadas de erotismo y sensualidad. Se hace imposible identificarlas como cristianas si nos basamos puramente en las palabras. En ellos EL NOMBRE DE CRISTO O CUALQUIER ATRIBUTO DIVINO QUE LO IDENTIFIQUE BRILLA POR SU AUSENCIA
Ejemplos: Decir “tu amor” o “entre tus brazos me siento… “, o “estoy enamorado…”, “o “tú eres esto o lo otro…” o “contigo voy a la luna o veo las estrellas”, o ”tengo, hago o siento esto y lo otro” (sólo para mencionar unos ejemplos), porque se prestan a ambigüedad. Si no se especifica a quién van dirigidas estas palabras, o si no se maneja el lenguaje del argot bíblico, el mensaje es confuso.

He escuchado compositores que son sinceros y confiesan que todo esto es hecho adrede para tratar de llegar al mercado y a los medios de comunicación seculares. Creo que la Biblia se refiere a éstos como “ciegos y guías de ciegos”.

No me mal entienda. Con esto no estoy diciendo que es pecaminoso o inapropiado cantar de otra temática (al amor puro, a la amistad, de problemas sociales o cualquier otro), al contrario, creo que como todos los mortales, el cristiano tiene emociones y se enamora. No estoy hablando de una canción de amor que un esposo dirija a su amada (que por supuesto ésta debe estar delineada bajo los principios de ética y fundamentos del creador del matrimonio). Yo misma las he cantado en bodas y eventos similares), sino a cantos, que llamándose “cristianos” o para “ministrar”, NO DEFINEN a quién van dirigidos ni están alineados con la Palabra de Dios. Lo que quiero establecer aquí es que debemos llamar al pan pan, y al vino, vino. O la canción es definitivamente cristiana porque tiene todas las características de serlo o es claramente secular por derecho propio.

Otro fenómeno es la “música reciclada” cuando se cambia la letra de una canción secular con letras y palabras “cristianas” que de paso a veces resulta mediocre. Lamentablemente este tipo de música está ocupando las ondas de muchas estaciones de radio cristianas y púlpitos por igual.

Otras “alabanzas” hacen más énfasis en nuestros “sueños”, o hablan de ”lograr metas” (por supuesto terrenales), y de todo tipo de tema que se enfoca en el “yo” y no en Jesucristo, en nuestra vida terrenal y no en la eterna. Aún mencionando el nombre de Cristo, algunas canciones hablan de nuestro Señor como el que se encarga de nuestro bienestar (o bendiciones temporeras) desde una perspectiva terrenal, no pidiendo que El haga su voluntad ni desde una perspectiva celestial. Hemos llegado a ser el centro de nuestro propio entretenimiento.

Aunque no hay nada “pecaminoso” en comunicar nuestras inquietudes personales y deseos, sin embargo el “ministro llamado por Dios” procura hacer lo que complace a su Señor y no busca satisfacer lo suyo propio. Siempre nuestros anhelos personales deben estar en sumisión a la voluntad y a los propósitos de Dios y así expresarlo en nuestras vidas personales y ministeriales, para traer gloria a su nombre y no la atención a nosotros mismos. La música cristiana no debe estar excluida de esta regla. Nosotros sólo somos mensajeros, la verdadera estrella es Jesucristo. (Aquí pudiéramos hablar largo y tendido pero este sería otro tema).

Y es que los creyentes tenemos una nueva identidad en Cristo. 1 Pedro 2:9 dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

En este último verso se destacan dos cosas importantes:

1) “...para que proclamen las obras maravillosas de Aquel...“ (refiriéndose a Cristo); y
2) “...os llamó de las tinieblas a su luz...”.

En estos pasajes el apóstol Pedro establece los propósitos de Dios en la vida del cristiano. Este segundo punto nos recuerda que los que están en Cristo no andan en tinieblas ni en confusión. De ahí que todo lo que hacemos, decimos o cantamos, debe ser claro, definido y con el propósito de engrandecer el nombre de Cristo.

Y Efesios 1:4, 6 y 12: “según nos escogió en él…” “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” “a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo”. Si esto está ocurriendo en nosotros, sólo así podemos decir que estamos cumpliendo el propósito de Dios en nuestras vidas y que somos verdaderos ministros de la adoración y la alabanza.

Una cosa es ser “artista” y otra es ser “ministro”. Aunque es de admirar el ser creativos y dar el toque artístico al trabajo musical, cuando la creatividad y el arte se interponen con la doctrina y los fundamentos bíblicos, no hay posible reconciliación. Aunque tampoco debe existir conflicto entre ambas. Un ejemplo digno de esto es Marcos Vidal, prolífico cantautor cristiano que combina belleza literaria con profundos mensajes bíblicos que llevan al oyente a la reflexión.

Todos somos culpables de este cáncer que está afectando la música cristiana: Tanto intérpretes, algunos compositores, uno que otro personal de la radio que las promueven, y nosotros los consumidores. Muchos tenemos la tendencia a preferir el “evangelio light” o ligero (término que últimamente se usa para identificar la vida cristiana sin compromiso con el Señor). LA LINEA QUE SEPARA LA VIDA CRISTIANA DEL MUNDO SECULAR ES CADA VEZ MAS FINA Y CON DEMASIADO FRECUENCIA LA ENTRECRUZAMOS. Parece que ya no tenemos don de discernimiento. ¿Será que el pueblo de Dios, como el pueblo de Israel, ha perdido la visión?

Se pretende convencer que los tiempos cambian y que es imposible nadar en contra de la corriente. Con ello los que esto afirman indirectamente validan lo que está torcido y justifican lo incorrecto. Por otro lado, algunos cantantes alegan que a los ministros de la Palabra y a los pastores, no a ellos, toca llevar el mensaje. Pero quiérase o no, influenciamos a los oyentes con nuestro trabajo y somos responsables ante Dios de usar nuestros talentos para bendecir y no para llevar a cabo nuestras propias metas, si es que realmente somos auténticos ministros llamados por Dios o en cambio ejercemos el “ministerio” por vocación. En todo caso es urgente que volvamos a la senda antigua del ministerio musical.

La música cristiana que procura sólo entretener y no llevar el mensaje de Jesucristo es como un dulce: Agradable al paladar pero no tiene valor nutritivo. La música Cristo-céntrica, sin embargo, es como una medicina: Probablemente no tiene un sabor muy agradable, pero tiene efectos curativos. Es que al igual que un sermón, en ocasiones tenemos que abarcar temas no muy populares, como pecado y arrepentimiento, pero el hacerlo tiene repercusión para la eternidad. Así como esperamos que la Palabra hablada traiga convicción para dirigir al oyente a Cristo, igualmente éste debe ser el objetivo de la música cristiana.

El tiempo es corto y los días decisivos. Si no lo hacemos seremos como metal que resuena y címbalo que retiñe. Si lo hacemos, El Señor un día nos dirá: Buen siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor.

Bendiciones.

Belkis.